Morada al sur
En las noches mestizas que
subían de la hierba,
jóvenes caballos, sombras curvas,
brillantes,
estremecían la tierra con su
casco de bronce.
Negras estrellas sonreían en
la sombra con dientes de oro.
Después, de entre grandes
hojas, salía lento el mundo.
La ancha tierra siempre
cubierta con pieles de soles.
(Reyes habían ardido, reinas
blancas, blandas,
sepultadas dentro de árboles
gemían aún en la espesura).
Miraba el paisaje, sus ojos
verdes, cándidos.
Una vaca sola, llena de
grandes manchas,
revolcada en la noche de
luna, cuando la luna sesga,
es como el pájaro toche en
la rama, “llamita”,
“manzana de miel”. (Aurelio, A. 2014)
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